Grabo y edito y escribo y leo. Estoy leyendo mucho a Cortázar, otra vez.
Leo lo que escribió y lo que dijo.
Reparo en aquello que dijo con respecto al jazz.
Así rescato un tramo de una entrevista que le hicieron en Madrid en 1983.
-¿Seguís tocando la trompeta?
-Cada vez menos. En un tiempo la tocaba pésimamente, para tortura de mis vecinos, pero ahora estoy constantemente viajando, de un lado a otro, cuando no estoy en Nicaragua, estoy yendo a México o regresando a París... Vivo en los aviones. Y la trompeta es un instrumento implacable que exige una preparación de los labios y eso sólo se consigue tocando seguido. Por otra parte, no estoy en las mejores condiciones físicas ahora para tocar la trompeta, pero me divertía mucho cuando podía hacerlo. En realidad, debo confesarte que yo soy un músico frustrado.
-¿Tocabas algún instrumento de niño?
- Sí, el piano, me obligaron a tocarlo desde los ocho hasta los trece y un día cerré el piano y no quise tocarlo más. Una tía mía, fanática de Bach y de Chopin fue la que hizo de mí un melómano.
- ¿Desde cuándo te interesó el jazz?
- No lo sé exactamente, pero creo que no tengo casi recuerdos sin jazz. Yo nací en 1914 así que, cuando era chico, asistí al nacimiento de la radio... No había discos de jazz todavía. En esa época se escuchaba en la radio, en Argentina, tangos, música clásica o música popular hasta que un día -yo tendría diez años- escuché por primera vez un fox trot y fue mágico para mí. Dos o tres años después, descubrí a Jelly Roll Morton y más tarde, a Louis Armstrong y a Duke Ellington. Durante mucho tiempo ellos fueron mis músicos de jazz preferidos.
-¿Ya no lo son? ¿Qué discos salvarías del diluvio?
- Sí, sí, lo siguen siendo. Es más, si tuviera que elegir algunos discos para salvar del diluvio, como dices (se ríe), me llevaría discos de los tres, sobre todo algunos del viejo Armstrong y del Duke Ellington de los años 20 al 30. Como ves no he evolucionado mucho...
-Escribiste "El perseguidor" como un cierto homenaje a Charlie Parker. ¿Cuándo descubriste su música?
-Fue antes de irme de la Argentina. Cuatro o cinco años antes, un día compré “Lover Man”, sin conocerlo. Al principio mi reacción fue negativa hasta que un día la cabeza me hizo clic y desde entonces, muchas cosas que había oído hasta ese momento perdieron sentido. Su música fue muy importante para mí.
-De los que vinieron después, ¿quiénes te impresionaron como Parker?
-Dizzy Gillespie, Miles y después, Coltrane. Esos son discos que también me llevaría conmigo. Y sin duda, no podría olvidarme de Earls Hines, que es un pianista al que adoro. Toca como un dios. ¿Sabías que Dizzy y Charlie Parker tocaron en 1943, juntos, en la banda de Hines? Earl es un músico maravilloso, lleno de alegría y humor. Los movimientos de su mano derecha suenan como una transposición de la trompeta de Armstrong...
- ¿Escuchas jazz a diario? ¿Escuchas mientras trabajas?
- Sí, escucho dos o tres discos de jazz por día y bastante más música clásica. Pero jamás pongo música mientras hago otra cosa. Los que compusieron esa música no lo hicieron para que fuera un fondo musical, sino para que lo oyéramos con la misma atención con la que leemos un libro.
-Una última pregunta: ¿crees que el jazz ha influido en tu obra?
-Sí, mucho. Me enseñó cierto swing que está en mi estilo e intento escribir mis cuentos, un poco como el músico de jazz enfrenta un take, con la misma espontaneidad de la improvisación.
(Entrevista de Antonio Trilla realizada en Madrid, en 1983)